Tu recuerdo eterno permanece en mi indeleble memoria que grata se busca soslayar sin lograrlo porque esos recuerdos rozan y tocan, hieren, matan pero más que nada me permiten vivir.
Que si fui feliz? sin pensar lo afirmaría, tu recuerdo quieto bajo esa lluvia que te bañaba con cinismo y que me invitó a cubrirte ese primer día que me atreví a acercarme a ti, porqué mi manía por tus manías nació desde mucho antes, pero sólo aquella tarde que pintaba de gris los edificios e inundaba las calles con reflejos ajenos logré un regalo maravilloso: tu mirada de la cual he hecho mil ensayos y nunca logro precisarla.
Cientos de tardes que se convirtieron en noches enteras y luego días que fueron semanas, envueltos con nuestros cuerpos indiferentes al movimiento rotatorio de la tierra, no vimos amaneceres de esos que suceden en la sierra lluviosa y árida también, tampoco puestas de sol encaradas y agresivamente melancólicas, pero pregúntame de tu cuerpo y puedo escribir un libro entero tan solo de tu espalda y sus movimientos reptantes y sus pensamientos independientes de los tuyos, de su accionar salvaje y también de su calma profunda y bella.
Despertares contigo se volvieron causales y casuales, pero existentes e imperecederos, dos cuerpos sucios de amor entregándose al deseo se descubrieron muchas veces atrapados por las madrugadas que murieron solo para dar paso al día siguiente, conscientes y vagos, difusos, apenas perceptibles de seres humanos, nos tuvimos y detuvimos el tiempo, más ahora debo seguir caminando e intentando permanecer en un recuerdo que se reclama absurdo e ilógico pero bastante entendido de su naturaleza lúdica.


Viene a mi mente un compañero del pasado, sin compromisos, sin promesas ni condiciones, aquel que me enseño a descubrirme mujer, aquel que se quedo con mi inocencia aun sin amarme y sin amarlo, un amigo, mi mejor amigo, confidente, paño de lagrimas y compañero sexual que si bien estaba conciente que jamás tendríamos una vida juntos pues ninguno de los dos la pretendía, era satisfactorio tener momentos , largos momentos de compañía las cuales con el tiempo se convirtieron en momentos de soledad, fue bueno mientras duro, al menos estoy conciente que ambos nos quedamos con la virginidad del otro, sin hacernos daño, sin lastimar nuestro cuerpo pero sobre todo, sin herir nuestro corazón. Hoy sigo teniendo un gran amigo y en el recuerdo han quedado aquellas aventuras, que si regresara el tiempo las viviría igual.
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