Que no regresarías, lo supe desde el primer segundo que mi mirada chocó accidentalmente con la tuya, bastaron un par de besos largos y noches que nos parecieron tan cortas con la ropa tan incómoda que decidimos dejarla en el piso justo al lado de nuestra conciencia, mi piel nunca fue tan mía como aquellas veces que la recorriste con tus manos tanto como tus ojos desnudos de verdad, desde entonces sabía que si te perdía no regresarías y rara vez el sentido común me traiciona.
La sinceridad fue tu arma más letal y la usabas toda vez que percibías un dejo de ensoñación, nunca nos permitiste eternas promesas por la obviedad de no cumplirlas, de descubrirnos viejos y solos, deseando amar el presente que se volvió nuestro pasado común, esa lengua voluble que bien podía recorrer mis labios en tardes infinitas y grises, decir las más dulces palabras contenidas, pero también esa lengua punzante, hiriente, real, áspera que tantas veces cuidó de nosotros, de mi, no permitiendo ir más allá de donde pudiéramos perdernos en el absurdo de lo atemporal.
Y fui feliz con tu mano sujeta de la mía recorriendo el mundo, incluso en ocasiones volando, porqué tuviste el acierto de dejarte amar y ponerte mis alas por breves pero no efímeros momentos de mi memoria, nos conocimos tanto que sabías mis errores y defectos por mas disimulados que estos fueran; Hubo días en que el silencio fue nuestro lenguaje más extenso convirtiéndose en nuestro lenguaje más común, interrumpido sólo por las noches ruidosas de amor y sexo cuando esos diálogos mudos se esfumaban.
Decidiste que no eras lo suficientemente buena para quedarte toda la vida, te subestimaste lo creo aún, sin un adiós real, ni despedidas dramáticas, simplemente te fuiste con la cortesía de avisarme lo que ya no sentías, no intenté detenerte por el miedo a que te quedaras, te dejé ir con mi vida que deseaba seguirte para siempre, no hubo lágrimas ni rencor, solamente tu ausencia que permanece y duele, aún cuando ya no te siento ni te pienso tanto.
Esta mañana he decidido olvidarte, esta mañana como cada mañana desde que te fuiste; Despierto siempre con ese extraño deseo de que mi almohada deje de tomar tu papel, siempre trata de imitarte y a media noche se revuelve entre mis brazos y me dejo engañar, pero hoy es diferente, hoy voy a olvidarte olvidando así que debo olvidarte, pero quizá sólo por hoy me permitiré recordarte un poco por la tarde y probablemente ese recuerdo se prolongue hasta la noche encontrándote en mis sueños donde serás eterna.


No es justo, tenias razón, tu lectura me hizo llorar. me has hecho recordar muchas cosas… ya casi imagino tu cara con una gran sonrisa diciendo “te lo dije”.
ResponderEliminarY si, fui feliz, mucho aun a pesar de la inconformidad personal. Era feliz en mi sueño, en mi mundo de “felices para siempre” hasta el momento en que desperté y me di cuenta que al conceder placeres ajenos comenzaba a dejar olvidados los míos.