Cuando te conocí pensé que simplemente serías una de tantas noches solo, un pensamiento al aire, un sinsentido total, quién diría que hoy terminaría escribiéndote y llorándote.
Ibas de su brazo, supe que me viste cuando mi cama te envolvió en caricias resumidas y tu cuerpo abrazado a mis labios se conoció deseado y amado como hacía tiempo no sentía, no nos preocupo la condición ilógica ni la relación que tu vida guardaba, nunca preguntamos nada, nunca quisimos saber nada de todo, simplemente fuimos dos seres viscerales, brutales, bestiales, salvajes, respetando la naturaleza implícita, saciando nuestro sexo hambriento, sediento de ti y de mi.
No desconocía esa relación que nos brindó estabilidad o quizá fui yo quién la equilibró, eso no lo sabré ni me atreveré a preguntar por temor a tener una respuesta anhelada pero imposible, no reparé en que los instantes se hicieron momentos y los momentos historia, ni siquiera me percaté de que te pensaba más de lo debido o de lo prudente o de lo deseado, y poco a poco, silenciosamente mi piel fue tuya y así quedó para siempre, perteneciéndote y a un tiempo sin saber de ti y no por falta de tiempo ni de ganas, tampoco por falta de fuerza o valor porqué nunca nos faltó el valor, al contrario creo que lo tuvimos y en exceso tal es así que nos reclamó la prudencia perdida 2 años atrás.
Nunca te pedí, nunca te pensé, no figurabas en mi plan de vida presente y ahora no figuras ni en mi presente mucho menos en un futuro incierto, desconocido y atemorizante porqué no te tengo, nunca te tuve, sólo fueron parpadeos simultáneos y sutiles pero nunca nos pertenecimos.









