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lunes, 19 de diciembre de 2011

Ella ...(1/2)

    
     La vida llega de maneras extrañas y con propósitos ajenos a los inicialmente percibidos, la vida se abre camino en terrenos misteriosos y con manos divinas en todos los casos.

     Ella es una mujer anciana de 68 ó 70 años, no lo sabe, ni lo sabrá nadie con certeza, ni su familiar más cercano, pues cuando nació las prioridades colocaban al registro del nuevo integrante, en un lugar muy por debajo, antes estaban cosas como el trabajo por jornada para conseguir un salario miserable que pudiera ayudar a mal comer para alimentar o intentar hacerlo a los varios integrantes de aquella familia que no contó con la suerte de nacer en  un lugar cercano a la justicia social.

     Tiene un nombre y una personalidad, forjados ambos por los años que han pasado y están por suceder, por las experiencias cotidianas de enfrentarse a una vida insufrible, determinada con arbitrariedad, sin tener la oportunidad si quiera de comprender que existía algo más allá de lo que su ignorancia e ingenuidad le permitían ver, la educación, al menos en institución, no fue una opción, lo que sabe, lo aprendió de la abundante herencia de sus hermanos mayores, sus padres y sus abuelos, la forma de comportarse, de vestir sin más adornos que el color bronce de la piel y con suerte unas mejillas rosadas que con el tiempo el sol quemaba y tornaba obscuras sin queja, cocinar era un arte pobremente valorado pero disfrutado por todos, diario, muy temprano antes del primer canto del gallo, se levantaba antes que todos para poder juntar leña de maderos viejos o abandonados y así poder alimentar al fogón que serviría para calentar y preparar los alimentos que amorosamente preparó toda la vida para sus seis hijas y su esposo que ya entrado en años acudía de vez en cuando a la milpa y al corte en temporada para poder seguir aportando su trabajo a su amada familia.

     Desde muy joven mostró el interés por los mismos gustos que su abuela Dominga, y esa tarde - noche tenía nuevamente la oportunidad de poner en práctica esos conocimientos, aquella mañana había transcurrido sin mayores complicaciones, se levantó, juntó leña y en un instante el desayuno estaba listo y servido, a medio día tuvo la visita de su ahijada Francisca para notificarle que una espera más había llegado a su etapa final, se pusieron de acuerdo en la hora del mismo día para verse de nuevo y realizar el ritual con el que la vida es recibida, ya por la tarde la gentil anciana preparó lo necesario, en el cuarto más limpio de la casa el cual estaba al fondo y un poco a la derecha, al lado de la habitación de las hijas más pequeños, era una casa limpia y se podría decir que hasta con cierto orden disimulado, el paso del tiempo dejaba su huella en cada pared y en cada recuerdo de aquel pequeño y acogedor lugar, un hueco en la pared hacía las veces de marco de una puerta jamás colocada, en su lugar una cortina de flores amarillas que no llegaba hasta el suelo cubría el cuarto donde había acomodado un par de sillas que sirvieran de mesas o charolas para el material necesario así como las blancas sábanas guardadas para el evento, que bellamente dobladas y pulcras, colocó sobre una de las sillas, un balde de agua igual blanco se encontraba al lado de la cama, y al lado también de la otra silla que sostenía una serie de objetos que se utilizarían para fines distintos para los que fueron creados, pero invaluables y necesarios para lo programado, las ventanas de marco azul se encontraban perfectamente cerradas con un pedazo de madera para evitar que el viento que por aquella parte de la sierra era bastante generoso, las abriera y pusiera en riesgo la salud de Francisca.

     La hija más grande otrora ama de casa y en esos momentos asistente de su cansada madre le acercó otro balde de aluminio que contenía agua recién hervida, sujetada por las asas con un fragmento de tela insuficiente, que ofrecía quemaduras a las manos de una hija mayor, tan acostumbrada que ya rara vez se quejaba de ello, vació parcialmente el contenido en el balde blanco al lado de la cama y lo mezclo con una preparación a base de tres tipos diferentes de hierbas con propiedades específicas que se activan con el agua caliente, emanando olores un tanto dulces y etéreos, la preparación estaba tibia y mezclada con el agua hirviente se lograba una preparación de temperatura un poco más que cálida, en la silla de los utensilios se encontraban un aparato de hoja aguda de apenas 10 centímetros de longitud contando el mango de madera bruscamente tallados, un par de toallas muy limpias, otro par de cintas blancas y muy delgadas que se usarían como ligaduras, tres trozos de tela más pequeños que los que se encontraban en la otra silla, colocados con estrategia anticipada, dos metales redondeados del tamaño de una argolla o un anillo, maltratados pero aun con una bella grabación que se miraba de una nostalgia profunda;  La cama se encontraba en el centro de aquella pequeña habitación, al pie de la ventana, y aunque tenía ya todos los años, era una cama confiable, las sábanas azules contrastaban un poco en el ambiente que ya se dejaba ver obscuro pues la tarde caía y la luz que se colaba por la ventana comenzaba a ser insuficiente, el foco de luz amarillenta instalado "temporalmente" mediante alambres y clavos mal colocados pero funcionales le daban un aspecto mas bien de serenidad al lugar, las otras hijas se encontraban apuradas calentando más agua y manteniendo vivas las brazas que permitían dicho propósito, algunas traían el agua del contenedor de agua o pileta en recipientes de aluminio, las otras atizaban el fogón que para el efecto se usaba dentro de la casa, pero en el lugar de mayor ventilación, la cual se valía de una pequeña ventana rectangular colocada cercana al techo y que permitía el escape de los vapores y el humo que se iba formando.

    

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