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martes, 1 de noviembre de 2011

Existe un lugar ...

     Existe un lugar en donde los muertos pueden hablar, es un lugar sin tiempo ni esperas eternas, un lugar lleno de vida, rodeado de grandes árboles y vistosas flores de colores, ahí la paz se respira a cada minuto, el aire es limpio y reparador, la vida pasa lenta y corta a una vez, y en ese lugar lleno de vida la muerte parece esperar el momento propicio para charlar.

     Los seres que habitan aquí son libres, no viven colgados de afanosos laureles, ni estratos sociales, no se preocupan de las nimiedades de las que los vivos nos ocupamos, ellos simplemente se dedican a morir sin querella, no tienen ni sienten la necesidad de llorar pues no comprenden la tristeza pues ya están muertos y que mas da, tampoco conocen los egos o las etiquetas porque en este lugar todos son iguales, hay por ejemplo empresarios, carniceros, doctores, abogados, comerciantes y ninguno mejor que otro, aquí perecen las ideas y permanecen las ideologías.

     Las charlas entabladas a la luz de esta muerte se vuelven épicas defensas de la opinión propia y objetiva, contra la contundente precisión de otras palabras tan subjetivas como convincentes por la estructura de su lógica, el razonamiento parece un inútil espectador, el sentido común se pierde y se disfraza de supuestos que no sucederán jamás, hay risas vistiendo el tono, alegría que se desborda sin mancha y acompañada de sones que expresan la más bella fiesta que en la vida o en la muerte se haya celebrado, las palabras toman parte y enmudecen a los sabios, nadie triunfa sobre nadie y viceversa, no hay verdad, no hay mentira, en esta tierra todo se vuelve vida incluso la muerte.