Hoy me desperté con el ánimo encendido, con la curiosidad infantil que precede a un día entero de descubrimientos en lugares impronunciables de posibilidades tantas como mañanas inesperadas con cuerpos desconocidos.
Me desperté bañado en nostalgia de esa que embellece el alma y afirma el pensamiento y sus recuerdos, una nostalgia tal que mis labios se esfuerzan por callar, dolorosa cual debe ser y tan entrañable como las cuerdas de ese violín que llora en una tarde de veranos pasados.
“Sé tan grande en acciones como lo eres en pensamiento” escribió alguna vez un personaje famoso, las ideas dejan de serlo y se pervierten en actos comunes, pero trascendentales, en aspectos tan profundamente inciertos que estimulan y reclaman una fe tan fiel como la mirada de un amante a su pecado desnudo y perfecto.
Una mirada ajena a tu propia existencia, una pasada superflua a la vida mínima que llevas, y sin afán de falso negativismo he de decir que me considero un afortunado de la vida y sus bellezas lentas y egoístas, siempre he pensado que soy un consentido de ella, como un hijo malcriado al que hay que ayudar siempre y omitir sus faltas y agradecimiento eterno es lo único que puedo expresar, sin embargo esta forma anti existencialista que tenemos y solemos pasar por alto está llena de pequeños despertares que nos invitan al autodescubrimiento y nos ofrecen una visión, en la mejor perspectiva, de nuestras propias decisiones.
Todo como ejemplo de un descubrimiento compartido e ignorado a la vez, las risas groseras de una broma no entendida, el mar gritando algo de compañía, las miradas obsesivas de preguntas cuyas respuestas conoces, viniendo a ti, impacientes, tardías y reales.
La revolución mental que sucede no es tan intensa como sus consecuencias, “reparadora” suelo llamarla, te muestras confiado y absurdo pero sin pesar, así tal cual pertenecías al inicio de la historia o incluso de la prehistoria, un orgullo ancestral entendido sin acentos ni comas, sin puntos finales, todo es garantía de algo mejor o de menos diferente, ganancia de inmensos ratos de breve bienestar que a la postre se muestran abiertamente como el verdadero entendimiento de eso que pudiera llamarse felicidad.

